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Un golfista profesional sueña con ganar el Masters Augusta o el Open Championship. También las dos para los más soñadores. Probarse la chaqueta verde es la certeza de entrar a la elite de este deporte. Pero alzar el Claret Jug es recordar a la historia y ser parte de ella. ¿Cómo llegó este trofeo para ser la máxima tradición del golf?

Todo tiene un porque. En 1860, cuando se disputó por primera vez el Open, el premio fue el Cinturón rojo de cuero, de corte marroquí con una hebilla de plata y otros pequeños adornos. ¿Por qué el cinturón no es parte de la actualidad? Las reglas de la época indicaban que el ganador que logre tres victorias consecutivas podía ser el propietario del premio sin obligación de devolverlo a Prestwick, el club donde debutó el Abierto Británico.

Y claro, supónganlo ustedes mismos: en 1870 Tom Morris triunfó en línea por tercera vez y se llevó el cinturón para la casa. Ahí quedó y el torneo sin premio. Gracias a las victorias de Morris existe el Claret Jug.

open_beltESTE ERA EL CINTURÓN, EL PRIMER PREMIO DEL OPEN.

Había que pensar en un trofeo, pero siguieron viendo la posibilidad de comprar otro cinturón. Tras reuniones entre los principales clubes de importancia (Prestwick, St.Andrews, Musselburgh, entre otros), se acordó que el premio no iba a tener propietario, ni de jugador ni club. Así siguieron pensando y llegaron a la otra conclusión que entre el Royal and Ancient Golf Club of St. Andrews (R&A), el Honourable Company of Edinburgh Golfers y Prestwick se iban a turnar en la organización del Open. Faltaba solo el trofeo para el campeón, que se demoró otro año más en fabricar.

En 1872 fue el nacimiento del Claret Jug, aunque no físicamente. Cada club puso su cuota para la fabricación de la copa. Pero, dado que la decisión se tomó dos días antes de jugar el torneo, el campeón de ese año solo recibió una medalla. Solo en esa versión un ganador del Open se colgó una medalla en la historia de este campeonato.

Así, el Claret Jug, debutó en 1873 y desde ese año es acariciado para cada ganador de este tradicional torneo. Solo imagínese la importancia de este trofeo, uno de los más antiguos del deporte mundial. Han pasado 142 años y sigue ahí, intacto.

En 1927 la copa pasó a ser propietaria del Club St. Andrews y para cada ganador se le entregaría una copia del original. Pero tampoco quita el hecho que el triunfador del Open la toque. Porque en la ceremonia la acaricia, la besa, la mira, la levanta, ahora se saca fotos y al final la devuelve. Solo para disfrutarla un momento y dejar sus huellas para siempre en la copa más antigua del golf.