Gentileza Foto: www.wtae.com

La semana ante pasada vimos a Jason Day dando una cátedra en el Players Championship. Siete días después le tocó a Rory McIlroy en el Irish Open y este domingo fue el turno de Jordan Spieth. Los tres mejores del mundo poniéndose al día y dando lecciones de golf.

Tiros alrededor y sobre el green consagraron a Spieth como el mejor del Dean & Deluca, su primera victoria en casa, Texas. Todo fue épico. Si la semana pasada nos quedamos boca abierta por las madera de piso de Rory, ahora nos asombró el putt de Jordan.

Nos damos cuenta que solo los grandes ganan así en este deporte y en los segundos nueve del Colonia Country Club se mostró un espectáculo. El Nº2 del mundo quería triunfar en casa, al frente de su familia y amigos. Cómo no. En la ida solo anotó pares para guardarse todo a la vuelta final.

Hoyo 10: Primera señal de lo que iba a ocurrir, un birdie que lo embocó desde los tres metros.

Hoyo 11: Birdie nuevamente. Esta vez fue el approach para dejar un putt sin compromiso.

Hoyo 12: Tiro de salida al medio para dejarla a 137 yardas de la bandera. Un sutil golpe con uno de sus Wedges para dejar a metro para birdie. De nuevo adentro.

Hoyo 13: Aquí comenzó el susto y la prueba más exacta para comprobar si Jordan había dejado enterrado su experiencia en Augusta. Fue un bogey.

Hoyo 14: Spieth se complicó y comprobó que su fatídico hoyo 12 en el Masters había quedado atrás. Porque salvó un par de aquellos desde los 4 metros. El putter nuevamente fue el salvador de la ronda. Para sus compañeros de salida, Ryan Palmer y Webb Simpson, ya no era gracioso. Mientras que el autor de esta gracia no celebra. Quieto, sin inmutarse, se apuntaba a la victoria.

Hoyo 15: Tuvo que hacer un par simple para calmar lo ocurrido en los últimos dos hoyos. Así se preparó para le ofensiva.

Hoyo 16: Aquí se inició el clímax del espectáculo. A más de ocho metros la embocó en el medio del hoyo para anotarse otro birdie. Aquí sí que lo celebró con un público que silenciaba el grito del estadounidense.

Hoyo 17: Si hay que elegir el tiro más bueno del día y torneo, fue el que pasó en la penúltima bandera del Colonia CC.  Por su significado, frialdad, precisión y manera de ganar un evento PGA. El segundo golpe de Spieth salió hacia la galería, dejando, por suerte, un approach con vista y ningún obstáculo para hacer otra de sus gracias. Y porque un ganador también tiene suerte, pero sumado a un talento innato lo trasforman en una bestia. Así fue que Jordan recordó algo así como Tiger lo hizo en un Masters. El tejano agarró su Wedge Titleist Vokey SM6 de 60º, hizo sus swing de prácticas pensando en todo momento por dónde iba a picar su pelota para quedar cerca de una bandera corta y en bajada. La golpeó, primer bote en la entrada del green y ¡Cloc!, adentro. El jugador solo sonreía con una celebración agitada del público y las caras de impotencia de sus contrincantes, que a esas alturas ya no lo podían creeer.

Hoyo 18: Lo que pasó en el 17 tanto para el público, como los contrincantes y el propio Spieth fue mucho. Pero cuando se paró al frente de la pelota para birdie a 11 metros del objetivo, cuando solo tenía que hacer tres putt para ganar, se dio cuenta con su caddie que leyeron perfecta la caída. Tiró y nuevamente la embocó. Un cierre de otro mundo para ganar por octava vez en el PGA Tour, segunda en este año y primera en casa.

30 golpes en la segunda para completar un 65(-7) y -17 en total. Bestial para un jugador que lo dejó todo para el final y celebrar con su círculo. “Quería ganar por ellos, aunque el trabajo no lo pude completar hasta esos últimos hoyos. La verdad es que no puedo quejarme de cómo me están yendo las cosas este año, con dos títulos a estas alturas”, explicaba en la premiación con su chaqueta a cuadros que se le otorga al campeón.

Lo mejor es que ahora llega el US Open, donde Spieth defiende título y Day un reino, mientras que Rory prepara su propia revolución.