Source: Justin Heiman/Getty Images North America
Si Phil Mickelson en vez de jugar en el PGA Tour lo haría en nuestro cuarteto, como uno más, sería de esos aficionados insportable para competir en el grupo. Cuando lo tenías por perdido, sale con sus fantasías para dejarte patas arriba ante el par o birdie imposible que sacó desde la nada. Pero la realidad es que lo vemos por la tele y nos saca una linda sonrisa con su espectáculo.
Ayer vimos al Mickelson de siempre en la tercera ronda del WGC México Championship. Un golpe de magia. El zurdo anotó una tarjeta de 68 (-3) y solo apuntó cuatro fairways. ¿Cómo? Señores, no hay jugador en el mundo que sepa jugar mal como Phil. sobre todo porque no solamente fallaba desde el tee, se ponía en unos cuantos líos, cuyos problemas a cualquier golfista, sea profesional o aficionado, da para matarla a palos.
¿Cómo puede hacer 68 (-3) jugando tan mal y ganarme por dos tiros? Probablemente ese cuestionamiento se generaba Rory McIlroy, acompañante de vuelta, y donde le terminó dando muchos créditos al californianio: «Si yo hubiera jugado como él lo ha hecho hoy habría estado más cerca del 78 que del 68. Pero eso es lo que tiene Phil, que nunca se desanima«, comentaba el norirlandés a la prensa.
En su vuelta mandó dos pelotas marcianas al desastre. Suficiente como para pensar que el resultados de esos tiros resultarían para dos doble bogeys. Mínimo. Pero en los hoyos 10 y 14, donde ocurrieron los incidentes, firmó dos pares. Phil sabe de reglas. Las controló como cualquier abogado constitucional. No importa si estuvo cinco, siete minutos dando sus argumentos al pie de la letra. Insistente como cualquier borracho en el bar que consiguió su trago. Lo logró. Dropeó en lugares inexistentes y sacó pares gloriosos. Ese es Micklenson.
De rebote, cuando salió airoso de esos incidentes, despachó tres birdies consecutivos. Ahora está T3 (-10), empatado con Rory, y si no hubiese sido por el bogey del final estaría empatado con Dustin Johnson (-11) y a uno de Thomas (-12). Epa. No pidamos tanto. En todo caso Mickelson queda satisfecho porque queda en el penúltimo grupo y  fue el mago de la jornada. Una vez más, con 46 años, este jugador nos ha dado una lección por la que nunca hay que desanimarse en una vuelta de golf.