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Hay muchos referentes en la historia del golf. Pero los influentes son pocos. «El Rey» falleció este domingo 25 de septiembre en Pittsburgh producto de que no resisitó a la operación de su corazón. Ni siquiera es necesario relacionarse con este deporte para saber que se fue un grande.

87 años de gracia. Pero vámonos hacia varias décadas atrás, cuando este jugador tenía un swing tan agresivo como el golpe a la pelota. Eso lo hizo y lo va hacer único. Como también su carisma, porque su sonrisa y carácter hizo que el golf comenzara a tener popularidad en Estados Unidos. Este jugador tenía tanto arrastre como lo tuvo Tiger.

No fue el más ganador, pero sí el más influente. No solo porque perteneció al selecto grupo de los The Big Thre: Player, Nicklaus y Palmer, los tres más grande de la era dorada del golf. También porque impulsó que su país incluyera el golf en su ADN hasta hacerlo popular por todo América.  Lo hizo un inmaduro jugador hasta sus 87 años, incluso cuando pegó ese último tiro en la apertura del Masters Augusta 2015.

A propósito, Arnie ganó cuatro chaquetas verde (1958, 1960, 1962 y 1964). Las cuatro en un contexto único de los Estados Unidos: Entre medio de la muerte de Kennedy y la Guerra de Vietman. Mientras, un caballero con cierto estilo conseguía cuatro chaquetas verdes bien puestas para desviar la atención.

Y entre los tantos títulos, siempre tuvo a su frente un hueso duro de torcer. Se llamaba Jack Nicklaus. Sin el oso dorado Arnold Plamer no sería la estrella que es hoy y tampoco al revés. Ambos tuvieron duelos inéditos.

Nicklaus le ganó su primer grande a Palmer en 1962 cuando el US Open se jugó en Oakmont. Fue un partidazo. Ahí comenzó una rivalidad tan grande que llevó el golf a ser conocido, a las masas.

Es que en cada torneo que pisaba Palmer, unos espectadores como hinchas de fútbol, bien ruidosos, iban representados como los Arnie´s Army. Ellos también le dieron efervecencia a este deporte.

El legado de Palmer fueron una época en que sin su swing, sin su juego agresivo, sin su cigarrillo en la boca, sin Nicklaus, sin sus victorias y sin su ejército el golf no hubiese llegado a ustedes. Sí, a tal nivel hay que darle las gracias, porque sin su presencia, este deporte tendría otra madurez.